Archivos de la categoría ‘Leyendas’

h1

hadas

Marzo 3, 2008

Desde pequeña me senti diferente, todos a mi alrededor tenian alas y yo solo tenia una señal donde deberían haber salido, yo era fuerte y me daba igual, yo era quien era y unas alas no me iban a cambiar. Miraba a los seres de la ilusión y ellos no tenían alas, ellos tenian su ilusión que era lo que nos mantenia vivos. Mis padres me decian que me tenia que vincular a un ilusionador que esta entonces no me saldrían las alas, que sabría lo que eran, las podria ver durante un tiempo, pero que llegará el momento en el que me costaría trabajo verlas, que se me olvidaría que existian, y sería un simple ilusionador.

De chica me daba igual no tenerlas todos los niños eramos iguales pero a medida que creciamos unos eran ilusionadores y no distinguian a las hadas, mis amigas perdieron las señales de las alas, hay que creer en tus alas me diceian mis padre, y yo lo hacia, siempre habia pensado que ser hada era lo mejor que me podia pasar, las hadas inspiramos a los ilusionadores, pero en el mundo cada vez hay menos ilusion y por lo tanto menos hadas, vivimos unos de otro, es una verdadera simbiosis.

Nunca me conforme con ser un ilusionador, siempre he vivido como una autentica had, las alas solo son una parte más, pero en el corazon yo las tenia y han hecho que vuele alto ayudando a proporcionar ilusion en todo el mundo. Nunca pense que era un ilusionador, nunca me rendi y siempre luche por ser un hada por mi misma sin tener que depender de los demas, fui la primera hada que por mi tenacidad consegui no solo crear ilusion en los demas, sino tambien en mi interior, la ganas por tener mis alas y ser un hada hizo que la ilusion surgiera en mi interior y consiguiendo mis alas en el corazón, como estan en mi inerior no se mojan cuando llueve, ni se queman con el sol, los golpes no la dañan, tengo unas alas inmortales, donde el exterior no les afecta. Y mi corazón vuela cada vez que quiero para crear la ilusión de alguién en el mundo, ahora que se todo lo que la ilusion puede conseguir, se lo importantes que somos las hadas en el mundo y lo mas importante se que todos pueden tener alas en su corazón para volar al mundo de la ilusión.

Un beso a todos.VALKI hadas1.jpg

h1

La noche del Baron

Febrero 25, 2008

Situación: SalaQ sevilla 22/02/2008 22:00 Concierto de Baron Rojo.

Gran noche la nuestra, conciertazo de Baron rojo. Tres de los componentes de este blog estuvimos alli y pasamos una de nuestras mejores noches.

Birra, sudor y Rock compusieron esa gran noche y poniendo la guinda le siguió una visita al backstage incluyendo firmas en camisetas, cascos y una fantastica foto de familia.

http://bifrost.files.wordpress.com/2008/02/familia.jpg

h1

Clara

Enero 7, 2008

Clara paseaba por el parque en un día soleado lleno del jolgorio de los pájaros y rodeada de los gritos alegres de niños jugando en sus columpios y correteando alrededor de ella. Caminaba sin ningún rumbo a lo largo de los caminos de albero pensando en sus asuntos. Sus pensamientos giraban alrededor de su vida haciendo recuento de aquellos hombres que la habían marcado en cierto modo, hombres con los que había pasado unos meses o años estupendos y como eso no creía que le fuera a pasar más pues para ella, ya no había magia. Como en esas películas que tanto le gustan a su madre, esas historias llenas de sorpresas y de romanticismo.

-Ainnnsss, suapiraba ella.

Comenzaba a atardecer y decidió volver a casa. Mientras caminaba pensando en esos asuntos se dió cuenta que estaba sonriendo como una adolescente y pensó, -Qué tonta jijiji. Cruzó la carretera y llegando a su portal cruzó la mirada con un chico que se dirijía en su dirección. Cruzaron las miradas, esas miradas que no significan nada si no simplemete un cruze. Frunció el ceño y él también, de qué conocía a ese chico…le sonaba su cara de algo…

-¡ Diego ! Eres Diego, ¿verdad?

-¿Clara?, ¡Clara, cuanto tiempo sin verte! Que tal como estas, no pensaba encontrarte por aquí.

- Vivo aquí mismo. Pero cuentame, ¿qué tal todo?, no sabía que habías vuelto, pensaba que te habías ido para no volver.

- Si bueno ya sabes pensaba quedarme a vivir allí pero echaba de menos todo esto, la ciudad, mi familia, mis amigos.

Diego era un viejo amigo con el que tuvo una amistad corriente al igual que él con ella.Un buen día decidió alejarse de todo y se fue a vivir a otra ciudad dejando atrás todo lo demás y comenzando una nueva vida. Se quedaron hablando un buen rato hasta que se despidieron y Clara subió a su casa.

Ya en su habitación, pensaba con alegría el afortunado encuentro con Diego ya que los reencuentros con viejos amigos siempre la habían alegrado. Y decidió llamarlo al día siguiente para quedar con él y le contase la experiencia y como le había ido todo.

A la mañana siguiente su compañera de piso la despertó con desgana porque tenía a alguien al teléfono para ella. Miró la hora, eran las 12:30 del medio día. Al coger el teléfono contestó con voz de dormida y al oir que era Diego tosió y aclaró la voz.

-Que vergüenza, va a pensar que soy una holgazana. Y quedaron esa misma tarde para tomar un café.

Al llegar a la cafetería, el estaba esperando en una mesa rechazando a un camarero que le preguntaba si quería algo, Cuando llegó se saludaron y comenzaron a hablar envueltos en una atmósfera de añoranzas y olor a café. Podría ser una estupidez pero Clara pensaba que ahora estaba realmente conociendo a Diego porque antes era totalmente distinto, o quizás era alguna artimaña de un tio para ligar…bueno a estas alturas se esperaba de todo.

Fue una tarde muy agradable entre el café, el paseo y un helado compartido hasta que cayo la noche y se hacía tarde. Decidieron dejar el encuentro en ese punto y se fueron a sus casas.

Durante el camino de vuelta Clara recordaba la tarde que había pasado y otra vez esa sonrisa inesperada se dibujó en su cara, le preocupó. No pensaba que le pudiera estar ocurriendo otra vez pero de manera ligeramente distinta. -Otra vez que tonta que soy, será la añoranza de tiempos mejores supongo.

Quedaron un par de días más en dos semanas, días que se iban rellenando de conversaciones mundanas y simpáticas y de miradas estáticas, silenciosas y complices que se desviaban bruscamente hacia algun lado distrayendo la atención rápidamente con algo. Le preguntó si quería ver su piso al que se mudó hace poco con una compañera de facultad y al momento de preguntarlo pensó: Pero qué haces so loca, va a pensar que eres una descarada que quiere tirarselo esa misma noche. Mierda.

Él aceptó encantado y ella se alegró de que no mostrara ninguna reacción extraña en su cara por la invitación tan brusca.

Una vez en su casa le enseñó el salón, la cocina, el cuarto de baño y todas esas cosas. Se sentaron en el salon y pusieron la televisión. Hubo un momento de inquietud, de silencio algo incómodo y Clara pensó que se había equivocado al invitarle, que iba a echar por la borda todos estos días magníficos y quedaría abochornada.

-Quieres ver mi cuarto, tengo una colección de brujitas de esas que dan suerte. (Estúpida ya lo has esho otra vez, joder menuda imbecil que estoy echa).

-Si claro me gustan, tengo algunas en mi casa.(Menuda conversación de besugos, que vergüenza. Anda que a mi ya me vale).

Estuvo enseñandole su cuarto, todas las tonterías que tenía por las estanterias y vió un regalo de un antiguo novio, una cursilada que pensaba quitarla de allí hacía tiempo porque le daba vergüenza tenerla allí asi que la cogió rapidamente y la guardo en sus manos y detrás de la espalda quedando con la típica cara de alguien que esconde algo pero que se le nota.

-Que te pasa Clara, que tienes ahí ehhh vega enseñamelo, se que lo has cogido de arriba. Porque no quieres que lo vea jajaja. No te irá a dar vergüenza ahora jajajaja.

Estuvieron jugueteando por el pasillo, persiguiendola para que se lo enseñara y ella reia despreocupadamente. Tiradole del chaleco para que dejara ver lo que tenía, haciendole cosquillas, tirandole de las orejas. Hasta que entre risas y bromas se vió arrinconada y él sin quererlo se quedo demasiado cerca de ella, se miraron y se paró el tiempo.

Allí estaban a cuatro dedos uno del otro. Ella con las manos en la espalda rígida, nerviosa.

-Los quiero para mí. Dijo Diego.

-Querras decir, lo quiero para mi.

-No, los quiero para mi. Apuntilló él.

-¿El qué?

-Tus labios… Dijo Diego en voz baja como si hubieran miles de curiosos viendo la escena queriendo escuchar lo que decían. Como guardando el momento para que no se escapase o alguien se lo quitase. Clara se relajó, se sentía eufórica, como si fuera la persona más deseada del mundo, como si ese momento hubiera estado descrito para ella en alguna de esas películas que tanto le gustan a su madre. No se lo creía y rió nerviosamente en su pensamiento.

Los corazones latían fuertes, salvajes, deseando encontrarse y se fundieron en un interminable beso. Tan pronto terminaron el beso, dejo caer el objeto y agarró su mano y contagiados de una enorme sonrisa recorrieron el pasillo hasta llegar al cuarto. Mientras se cerraba la puerta se podía vislumbrar un apasionado beso de dos personas que morían por encontrarse.

Fin.

– Thor the PowerHead

 

h1

El trato y el manuscrito

Diciembre 27, 2007

Llovía copiosamente, el ruido de la lluvia lo torturaba. No dejaba de llover desde hacía dias y Peter no podía soportarlo más, el sonido de las gotas al chocar en las ventanas era como una risa macabra de un demonio. Las luces de la manzana vibraban y se apagaban durante cortos momentos. Peter estaba sentado en su escritorio rodeado de papeles amarillentos llenos de garabatos y notas. El tintero estaba casi agotado y su pluma estaba tendida en un folio manchando gran parte del texto. Con los codos clavados sobre la mesa pensaba que no terminaría nunca de trascribir el manuscrito, trascripción que le avisaron no realizara pero un cientifico consagrado como él no hizo caso. Quien iba a hacer caso a un viejo decrépito que no tenía mas que un puñado de libros y ratas desperdigados por una habitación polvorienta. Paparruchas, pensó.

Las luces de la habitación vibraron y se apagaron, ya le asustaba este asunto, entre la lluvia que no paraba, no menguaba y las idas y venidas de la corriente empezaba a ponerse nervioso, como si todo este cúmulo de situaciones le estuvieran impidiendo o relentizando el trabajo que afanosamente estaba desempeñando.

Esperando nervioso a que volviera la corriente, la ventana se abrió de golpe dejando entrar el aliento húmedo de aquel demonio, haciendo que un escalofrio recorriera su espina dorsal hasta el punto de un colapso nervioso que no le dejaba moverse. Giró la cabeza hacia la ventana con un mueca de terror, de desesperación viendo como el agua se cobraba el esfuerzo del intento durante días de traspasar los límites de ese delgado cristal. Creía ver a ese demonio con las fauces abiertas derramar su aliento por toda la habitación queriendo tomar todo lo que no era suyo. Pero lo que derramó sobre su moqueta eran ratas, ratas que entraban a borbotones por la ventana y se desparramaban en el suelo atentas, vigilantes. Subian por los muebles, por las estanterías tirando libros, jarrones, cuadros.

Peter desconsolado, aterrado y asqueado intentó salir de la habitación pero el picaporte no giraba. No había manera de salir de allí. El solo pensar que su habitación estaba siendo infectada de ratas enormes y que no podía salir de allí, estaban evocando en él sentimientos de desesperación. Se acordó fugazmente de la escopeta de la vitrina del otro lado de la habitación. Corrió sorteando las ratas que daban bocados sin ningún tipo de temor de ser pisadas, sin demostrar instinto de supervivencia. Cogió la escopeta, la cargó entre gritos de dolor por sus tobillos desgarrados. Entre patadas y disparos fue abriendose camino hacia la puerta mientras las ratas ya lo invadían todo. Estaban en su escritorio deborando notas, papeles y libros. Y seguían entrando más de esas asquerosas y enormes criaturas. Al llegar a la puerta tomo distancia y se dispuso a disparar. Llegando al momento de no retorno se abrió la puerta de golpe y disparó.

Todo estaba en calma ya, no escuchaba la lluvia, ni los chillidos de las ratas, ni el roce de sus cuerpos. Comenzaba a retomar la calma y empezó a abrir los ojos. Lo primero que vió era el humear de los cañones de la escopeta y lo siguiente su hermano tirado en el suelo con el torso hecho trizas. No podía creerlo, esto es una broma pesada o una alucinación provocada por el sueño perdido. El cuerpo era de verdad, todavía sentía el calor desprendiendose del cuerpo de su hermano. Desconsolado tiró la escopeta al suelo y cogío el cuerpo entre sus brazos y entre sollozos intentó devolverle la vivacidad. La luz volvió y después de largo rato lamentandose de lo que había hecho pudo ver que su habitación estaba en orden, todo en su sitio menos el trabajo de noches en vela que estaba destrozado, deborado. Pudo ver como una mano huesuda envuelta en trapos asomaba por la ventana arrastrando el manuscrito original. Corrió a la ventana buscando venganza por lo que él mismo había provocado, estaba ciego, ya no sentía nada solo ira y venganza. Vió a una figura envuelto en trapos andar por la acera alejandose de la casa, era él, el viejo andrajoso…pero como puede…

Con la escopeta cargada, bajó los dos pisos de su ostentosa casa. Llegó hasta colocarse detrás del viejo sin dejar de apuntar. Y jadeando comenzó a acercarse con prudencia, lo agarró del hombro y tiró hacia atrás para darle la vuelta. Solo vió oscuridad en el fondo de la sucia capucha y en el momento del disparo la ropa cayo al suelo vaciando el contenido como una marea de aquellas ratas nada naturales que inundaron todo su cuerpo cubriendolo en una jauría de chillidos ensordecedores y dolor indescriptible.

Los tratos no se violan.

Thor the PowerHead

h1

Los dos rivales.

Noviembre 28, 2007
Bueno, para bien o para mal,aún no ha llegado el final. Aquí tenéis un segundo capítulo, aunque realmente sería el primero, y lo anterior un mini-prólogo. 

El camino más largo empieza con un paso. -Heimdall, el escaldo sin talento, pero con buenos amigos.

 

                                               El hechicero eremita

        Adam se giró a medias en su montura, esperando la reprimenda de su compañero. A pesar de ser lo que era, fuese lo que fuese, que ni él mismo lo sabía, consideraba a Kirchov un amigo. Aunque fuese un mero mortal a sus ojos, le complacía su compañía. Su dilatada compañía a decir verdad, pues hacía siglos que se conocieron. En esta ocasión sin embargo, Kirchov permanecía en silencio, mirando al frente en su caballo.

-¿No vas a volver a despotricar contra mi despreocupación?- realmente le sorprendía aquello, Kirchov era como una vieja monja mojigata y precavida hasta el extremo. Una monja de ciento cincuenta kilos de puro músculo, claro, pero monja al fin y al cabo.

-Paso. No te voy a convencer y no tengo ganas de discutir- la lluvia siempre le irritaba, lo cual hacía más divertido mofarse de él sin piedad como solo los auténticos camaradas podían hacerlo sin herir.

-Pero eso lo sabes siempre, ¿por qué ese cambio de actitud? Me divierte que intentes hacer entrar algo de razón en mi dura cabeza- un gruñido mosqueado fue toda la respuesta que recibió. Adam decidió que ya estaba bien por el momento, le dejaría descansar a menos hasta los próximos cinco minutos. Sin embargo Kirchov no le dio tanto tiempo a él. No habían pasado treinta segundos cuando volvió a la carga.

-Es eso, ¿no? Te gusta hacer estupideces. Sabes que Ifmir ha estado muy cerca últimamente y no contento con no largarnos de aquí a toda prisa, te empeñas en hacer que llamemos la atención constantemente. Cuando te corte la cabeza, espero estar vivo para decir ‘te lo dije’. Además, ¿qué coño hacemos cabalgando con este tiempo? Usa tus habilidades, ¡¡me tienes hasta los mismos cojones!!……- la diatriba solía prolongarse durante varias horas si Adam le dejaba. Era un pasatiempo, ambos sabían que no se arriesgaban tanto de hecho, y que Adam no podía “usar sus habilidades” para arreglar lo de la lluvia. Eso llamaría la atención de Ifmir. Siguieron por el camino un par de horas aún, no necesitaban detenerse al anochecer, pero quizás por costumbre, lo llevaban haciendo todo el viaje. Encontraron un lugar resguardado, y se dispusieron a pasar la noche. Kirchov preparó algo que llevarse a la boca, ofreciendo a Adam cuando estuvo listo, todo el rato en silencio. Sin embargo Adam no tenía ganas de comer hoy. Nunca lo necesitaba, pero en ocasiones, le gustaba hacerlo.

-¿Sabes? Creo que ya se por qué podemos armar el ruido que queramos, Kirchov- murmuró pensativo mientras oteaba las montañas cercanas. Kirchov apartó el cuenco en el que comía, entre gruñidos más propios de un oso que de un hombre.

-¿Y bien?…¿me lo vas a decir o solo estás aburrido?

-Ifmir lleva mucho tiempo sin un verdadero reto. Se ha relajado. Solo nos busca guiado por…..bueno….ya sabes, eso que sólo notamos él y yo- Adam siempre se sentía incómodo al hablar de su naturaleza, y ciertamente sólo lo hacía cuando entraba el nombre de Ifmir en la conversación. Kirchov lo sabía, pero su curiosidad era demasiado fuerte para no insistir.

-¿Que quieres decir? ¿Que no tiene espías buscándote? ¿Que no se dará cuenta si cabalgamos delante de sus narices?…No seas absurdo.

-Por supuesto, eso sería excesivo. Pero seguro que si le llegan noticias del asalto de uno de sus carros de provisiones, lo achaca a vulgares ladrones y no a nosotros.

-Bueno bueno…no te quemes el coco pensando. Tú no sé, pero yo me caigo de sueño. Buenas noches- finalizó Kirchov alejándose un poco hacia su saco. Adam sonrió levemente, girándose a su vez hacia las montañas de nuevo. Dormir…eso si lo necesitaba, pero esta noche no podría dormir. Esa idea le abría multitud de nuevas posibilidades y su mente necesitaba explorarlas todas. Quizás no era nada, una tontería, pero no podía dejar pasar una oportunidad si no era ese el caso. Ifmir, a pesar de su despreocupación, podía encontrarles en cualquier momento. Quería, necesitaba, tener algo preparado para cuando sucediese, que sucedería. El amanecer le saludó sin que hubiese resuelto nada. Kirchov despertó puntual, como siempre, poco después de que aclarase. Y también como siempre, no despertó cantando, sino gruñendo y maldiciendo la vida en el camino. No eran los únicos en madrugar, algo delante, probablemente en el camino poco definido que cruzaba la zona, se oía ruido de caballos… caballos y ruedas. Adam pareció salir de su meditación para divertirse. Divertirse según él. Ponerles en peligro mortal a ambos, según Kirchov. Sin embargo, siendo la misma historia de siempre, pensó que por qué cambiarla. Se alejó un poco del improvisado campamento nocturno, acechando por entre los árboles para saltar al encuentro de los viajeros. Casi estaban ya delante. Apartó una rama para saltar sobre ellos…si, era el momento, y….    

El carruaje se alejaba por el desastroso camino. Adam gruñía bajo una enorme manaza. Kirchov sonreía  enseñándole el dedo corazón de la otra mano.

-Has sido descuidado- nueva sonrisa -¿Estás seguro de que te encuentras bien?- Kirchov estaba disfrutando aquello -Creo que Ifmir no es el único que subestima al resto del mundo, jejeje…

La guasa continuó unos minutos, hasta que el carruaje estaba lo suficiente lejos. Adam intentó no mostrarse enfadado, pero la risa de Kirchov se lo ponía realmente difícil. Aprovechando que el tiempo parecía haber mejorado desde la víspera, se pusieron en camino en unos minutos. El episodio del amanecer no les agrió el humor ni mucho menos, aquello era casi continuo en el tiempo que llevaban juntos. El hecho de que no hubiese nubes ni niebla les permitía bastante campo de visión, de modo que en lugar de ir al paso lento y precavido de días anteriores, casi iban al galope. Ya casi estaban en las montañas de Sulyndia, donde esperaban encontrar al viejo eremita que, según decían, conocía bien a Ifmir. A Kirchov le preocupaba este encuentro. Adam parecía obsesionado con Ifmir, cosa que entendía, pero no podía dejar de preocuparse. Si el viejo no le decía algo interesante a Adam, a saber que podría ocurrir. Y si, como habían oído, conocía bien a Ifmir, lo más probable es que no les dijese nada. Kirchov pensaba todo esto mientras le contaba a Adam cualquier historia sacada de su cabeza, maquinalmente. Había aprendido a hacerlo de tal modo que cuando terminaba, apenas recordaba lo que había contado, puro cuento casi siempre.

-Y entonces aparecieron aquellos cuatro hombres con… ¿eh? ¿Has dicho algo?

-Ahí está el camino que sube por la montaña. Ya casi estamos- respondió Adam taciturno.

-Bien, creo que es momento de hablar sobre esto, Adam.

-¿Hablar? ¿Qué hay que hablar?

-Bueno… ¿Has pensado en que tal vez ese anciano no quiera contarte lo que quieres saber?

-Pues le obligaremos- respondió encogiéndose de hombros -¿Cuál es el problema? Ya sé que te disgustan estas cosas… pero no hay otra solución, quiero terminar con el asunto de Ifmir de una vez por todas.

-Siempre hay otra solución… pero eso no es lo que me preocupa. Todo esto podría ser una trampa o algo. Cosas peores nos han pasado.

-Tonterías…

         Adam hizo un gesto de desdén, pensando que Kirchov iba mutando poco a poco en una vieja timorata. Éste, sin embargo, seguía con su mueca de preocupación, y miraba atrás con frecuencia. El ascenso a la montaña era fácil, contra lo que parecía desde más lejos. El camino que en llano era tan desastrado, al iniciar la pendiente estaba mucho más cuidado y definido. Después de todo, no era extraño. El viejo anacoreta gozaba de una gran reputación como “mago” y la gente de los alrededores le visitaba a menudo. Algo que seguramente le irritaba mucho. Desde donde se encontraban aún no se veía entrada a cueva alguna, pero según las últimas indicaciones que les habían dado, debería estar ahí, y el camino lo confirmaba.

-¿Por qué no…. ya sabes…preparas algo por si acaso?-murmuró Kirchov haciendo un gesto raro con la mano derecha.

-Ya te he dicho que eso sería decirle a Ifmir dónde estamos. Kirchov, eres listo… apréndetelo de una vez, joder.

-Ya ya ya… pero… de todas formas va a saber dónde estamos tras hablar con el viejo. ¿Qué más da?

-Eso le llevará más tiempo, el tiempo que necesito para hablar con tranquilidad con ese hombre. Tú me has visto moverme deprisa si hace falta. Te aseguro que él puede hacer lo mismo- zanjó la cuestión. Una última mirada atrás de Kirchov, y la entrada a una pequeña cueva casi les sorprendió mientras subían. En efecto, había plantas a la entrada, plantas en tiestos. Además se oían voces desde dentro. Dos al menos. Podían entrar perfectamente a caballo, pero decidieron hacerlo a pie. Pese a ir vestidos como vulgares mensajeros, o algo similar, el ojo preparado para ello advertiría sin problemas que sus caballos eran de guerra, entrenados para ello. Si aquello no era suficiente, los dejaron sueltos, sabedores de que no se escaparían ni se alejarían más de un par de metros. Kirchov cogió su espada, envuelta en tela aún, para protegerla de la humedad. Al hacerlo, advirtió que Adam no hacía lo mismo, la dejaba con el caballo. Aquello le molestó, no solía hacer esas cosas. Aunque si se ponía “nervioso”, ciertamente no necesitaba la espada. Eso le preocupaba más incluso, a pesar de sus discusiones sobre ser discretos o no. Una vez dentro de la cueva, las voces seguían oyéndose, pero deberían haber llegado ya hasta el lugar donde las situaban. Sin duda la forma de la cueva deformaba el sonido o algo. Adam hacía ruido al caminar deliberadamente, para avisar de su presencia. Si el anciano tenía visita, podían asustarse al ver aparecer de repente dos hombres. Tras unos metros de caminata, el camino se ensanchaba, hasta formar una especie de habitación, en la que ardía un fuego en un rincón. Pieles de animales adornaban el suelo y paredes, y en general, el lugar parecía habitado, lógicamente. No obstante, allí no había ningún viejo. Tampoco se veía por ningún lado a la otra voz, de hecho, ambas habían callado. Adam y Kirchov fruncieron el ceño al mismo tiempo, pero mientras el primero parecía estar enfadándose por momentos, el segundo ya pensaba en qué podía estar ocurriendo.

-¿Qué broma es esta? ¡¡Anciano, muéstrate!!- gritó Adam caminando por la estancia. No se veían otras salidas aparte de la que ellos habían usado para llegar allí…

 

 (Continuará… quizás…)

PD: Lo siento si las tabulaciones no andan muy finas, el procesador de textos del blog me vacila vV.

h1

Los dos rivales.

Noviembre 28, 2007

Esto es el primer capítulo de algo que empecé a escribir hace unos años… y no tardé en dejar abandonado.
 Es un poco caótico al principio, pues no es sino una serie de escenas inconexas entre si, con un único vínculo de unión, el protagonista. Es el mismo, pese a que no lo parezca en un principio. Si os gusta, seguiré añadiendo lo que tengo escrito, y lo aumentaré. No es, sino un relato fantástico. -Heimdall, un escaldo sin talento.

                                                           El Anciano

            -¡¡Si!! Debe morir!!! ¡A la hoguera con él!- la multitud gritaba enfebrecida. -¡¡Que pague por sus crímenes!!- con la misma falta de humanidad que le achacaban al reo. Como solía suceder en las ejecuciones públicas, más que un castigo se trataba de un espectáculo. -¡Tranquilizaos! Está preso, no se va a escapar- el alguacil tenía problemas para controlar a la masa sedienta de sangre -Incluso alguien como él merece un juicio…un juicio justo- con los brazos en alto frente a la muchedumbre intentaba proteger de sus agresiones a quien en su opinión no lo merecía. El magistrado hizo acto de presencia, rodeado de sus dos enormes escoltas mudos. La plebe acalló sus gritos furibundos.

-¿Está el reo en plenas condiciones mentales?- preguntó simplemente a la figura arrodillada y encadenada, en lo alto de la pira.

-No sabéis lo que hacéis- fue apenas un susurro, pero parecía haberlo oído todo el mundo.

-Repetiré la pregunta, ¿está el reo en plenas condiciones mentales?- según la ley local si el reo estaba loco o privado de alguna facultad mental, no se le podía ejecutar. El alguacil tironeó de la cadena que aprisionaba los brazos del preso a una viga de madera, tal era el temor que infundía.

-Soltadme y lo averiguareis- una leve sonrisa, apenas una tirantez en el rostro. El magistrado negó con la cabeza, convencido ya de que no tenía remedio y asintió con la cabeza al alguacil. Era la señal para prender fuego a la baliza. Si hubiese pronunciado palabra alguna, nadie la habría oído por los gritos de la gente. El alguacil bajó la antorcha que alguien le había proporcionado y la aplicó en dos o tres puntos de la pira, empezando ésta a arder. El magistrado había empezado su retirada, pues no le agradaban tales espectáculos, a pesar de la maldad declarada del condenado. Aun así, eso no le impedía omitir cualquier remedo de juicio tras oír la amenaza proferida por aquel miserable.

-¡¡IDIOTAS!! Lo habéis estropeado todo…ahora tendré que volver a empezar- pocos oyeron esa frase, tampoco le importaba….no iba dirigida a aquellos salvajes que agitaban los puños frente a la hoguera. Sin esforzarse apenas soltó los brazos de las cadenas que le incordiaban y agarró un madero ardiendo en cada mano, lanzándolos hacia el “público”. Al principio nadie reaccionaba, unos minutos después la gran mayoría de aquella masa humana ardía entre gritos, azotados por los maderos que el condenado lanzaba……más de los que había en la pira, curiosamente. El autor de aquella venganza desapasionada sacudió la cabeza, asqueado ante tanta estupidez y se rascó la cicatriz bajo el ojo derecho, el fuego siempre se la irritaba.

* * *

         -Todo dispuesto, general. Nuestros hombres aguardan una sola palabra vuestra. ¿Doy la orden?- el general apenas hizo un breve movimiento de asentimiento y se colocó el yelmo. Un momento que todos sus soldados agradecían, pues ocultaba la desagradable cicatriz del pómulo derecho.

-Ya lo habéis oído, ¡todos a su sitio!- el pequeño ejercito empezaba a moverse, poco menos de quinientos hombres, a encontrarse con un enemigo muy superior en número y habilidad. Pero ellos no lo sabían. Sólo lo sabía un hombre, el general, con su cicatriz cubierta por el yelmo en forma de ‘Y’. Los malditos taurentianos habían vuelto a entorpecerle demasiado. Ya no podía ganar aquella guerra. Pero bueno, no era la primera que perdía y seguramente, tampoco la última. Le molestaba tener que desperdiciar medio millar de hombres que le seguían ciegamente….pero al fin y al cabo, sólo eran carne, huesos y el metal de sus armas y armaduras. Nada irreparable. Una hora después limpiaba su propia espada de la sangre de su lugarteniente, fiel hasta el final. También era una pena, pero tenía que desaparecer para el mundo y a fin de cuentas sobraban los hombres capaces y ambiciosos para reemplazarle en el futuro. No obstante, anotó esta nueva pérdida en la larga lista de deudas contraídas con su rival. Montó de nuevo y espoleó su montura hacia el cercano bosque, desapareciendo para… ¿siempre?

* * *

         Miraba el rostro del guía con expresión perpleja. Llevaban tres días intentando encontrar una puerta o algo similar a la gran construcción que se alzaba frente a ellos. Tras empezar a recoger sus cosas para marcharse al día siguiente, dándose por vencidos, se había apoyado en una de las paredes laterales de la amplia nave rectangular. No había hecho nada a posta, simplemente aquel saliente le parecía idóneo para descansar unos minutos. Al presionar con su cuerpo, sudoroso y derrengado por el esfuerzo de acarrear paquetes, se escuchó un murmullo, como de piedra moviéndose sobre piedra. Y al girarse, ahí estaba. Una abertura rectangular, de la altura de un hombre aproximadamente, perfectamente definida a medio metro de donde estaba. El guía se acercaba preguntándole excitado qué demonios había hecho. Entraron sin deshacer el equipaje siquiera, reanudadas las energías por el inesperado descubrimiento. A pesar de ser noche cerrada ya y no haber más abertura que la recién descubierta por él, el interior de aquel lugar estaba iluminado. No se veía ninguna fuente de luz o calor y el recinto parecía mayor por dentro que por fuera. Un poco intimidados por el silencio opresivo de la nave, avanzaron hacia el fondo, donde parecía haber una bifurcación. Al principio creyeron que era una sola habitación, enorme, alargada y vacía. Más tarde advirtieron que había detalles decorativos en las paredes, a un par de palmos del suelo. La luz parecía salir de aquellos adornos, pero era difícil decirlo con seguridad. Cuando llegaron por fin al fondo, a lo que parecía un estudio o lugar de retiro, vieron que efectivamente había ventanas o algo así. A una altura imposible para un hombre normal y desde luego no se veían desde fuera. No es que por su situación las hubiesen pasado por alto…sencillamente desde fuera no se veían. Y para gran final, en la pared, escrito a tiza pero con aspecto de llevar ahí varios siglos, un nombre….su nombre. Leerlo fue como abrir una trampilla a su pasado, desconocido en gran parte. Reconoció la diminuta marca que había presionado sin querer en el exterior… ¿quizás el subconsciente? También reconoció las marcas a ambos lados en las paredes, abajo cerca del suelo. No eran adornos como habían pensado en principio, eran mucho más. Supo como había mirado por aquellas ventanas tan altas, o por qué no se veían desde fuera. Pero lo más importante que “recordó” fue que nadie a excepción de él, entraba allí y salía vivo. Aprovechando que el guía aún estaba estupefacto, le sujetó por ambos lados de la cabeza y le quebró secamente el cuello. Un breve y tenue ‘crack’ y asunto resuelto. Se sacudió las manos con lo que pensaba que era repugnancia por lo que acababa de hacer…..pero no, no era repugnancia. Era otra reminiscencia del pasado. Ya había hecho eso antes…muchas veces, de distintas formas, pero había matado sin pensarlo antes de esa vez.

* * *

         -¿Quién es la víctima?- la voz salía rasposa de su garganta por el vino ingerido la noche anterior. Su interlocutor parecía nervioso por tratar con él.

-El joven Mikaelius Harbo….- había un tono dubitativo en su voz -el heredero al Margraviato de Sularis….

-Se quién es- le llegó la respuesta cortante -¿Por qué? No tengo prejuicios morales, pero me gusta saber por qué mato a alguien.

-Intenta robarme a mi novia- ahora la voz no dudaba. El asesino a sueldo esbozó una sonrisa, le hacía gracia aquello. Había sido contratado incluso para matar miembros de las familias reales de este o aquel país……y ahora se veía abocado a resolver las rencillas locales de un poblacho de mala muerte. Y este contrato no era el peor, al fin y al cabo, un margrave es un margrave, seguro que iría ricamente ataviado.

-De acuerdo…lo haré por el precio convenido. Márchate y recuerda, no me conoces…o me conocerás de verdad- la amenazadora mueca con la que acompañó sus palabras hizo innecesarias las mismas. El joven muchacho se giró a toda prisa, murmurando un ‘Si, señor…’ acuciado por los nervios y la enormidad de lo que acababa de hacer. En realidad no le asustaba aquél hombre, se asustaba a si mismo, por la negrura de su alma y lo que era capaz de hacer. Distraído en tales pensamientos no vio el garfio para colgar reses (habían quedado en un matadero para cerrar el trato) y apenas pudo girar la cabeza para no saltarse el ojo derecho. Aun así, el desgarrón que se hizo en el pómulo le dejaría una fea cicatriz de por vida….quizás aquello era un castigo por lo que acababa de hacer…pero la carcajada del asesino a su espalda le desvió de esa idea. Echó a correr y en diez minutos se encontraba en su casa, componiendo una carta de amor para su novia…ahora libre de interferencias.

* * *

         -¡¡¡Pero señor!!! ¡Tú me pagaste para que revelase la posición y número de los asaltantes!- un pequeño hombrecillo, con aspecto de hurón, retorciéndose las manos y sudando copiosamente, comparecía ante el señor de la ciudad.

-Odio a los traidores- la voz del monarca era fría y medida, casi sin inflexiones.

-Pero….pero….no es…¡¡justo!!- el hombrecillo empezaba a ver muy negro su futuro.

-¿Es justo que esos guerreros hayan fracasado, en un ataque bien planeado, guiados por un buen capitán….sólo porque llevaban una serpiente entre ellos?- preguntó señalando por la ventana hacia el patio interior del castillo, donde un centenar de mercenarios morían lentamente empalados, sin poder evitar mirar a su capitán, que era torturado frente a ellos por el verdugo personal de su Majestad. La “corte” de su Majestad, apenas diez personas entre asesores, consejeros y peticionarios conocía las maneras de aquél que les gobernaba. Simplemente esperaban su turno.

-¿No respondes? Deduzco que reconoces la magnitud de tu crimen y ello te incapacita para hablar. Obraré en consecuencia. Guardias…que lo empalen con el resto de sus “compañeros”. Lo suficientemente cerca de alguien que pueda escupirle con su último aliento- un imperioso gesto con la mano y se llevan al desdichado hombre con aspecto de hurón. Su Majestad se mesa la barba y estira una pierna, incómodo por estar sentado en el trono, recio y firme. Mientras se adelanta el siguiente peticionario, la mano con la que se acaricia la barba sube hasta el pómulo derecho. Tampoco el último emplasto ha funcionado bien. La cicatriz no se ve, pero se sigue notando al tacto. Olvidando el asunto momentáneamente, centra su atención en el suplicante, mientras se oyen los gritos del traidor, que por fin reacciona.

-¿Y qué desea nuestro humilde súbdito?- la suavidad de su voz contrasta con los gemidos procedentes del patio que imploran una muerte rápida. El hombre que se postra ante él tartamudea al presentar su caso.

(Continuará… quizás)

h1

Pues a mi me ha gustado

Noviembre 19, 2007

Recientemente ha llegado a mis manos una historieta inconclusa que personalmente me ha gustado mucho, el aut@r no quiere que diga quien es asi que lo mantengo en el anonimato. Lo transcribo tal y como lo he recibido, no tiene titulo (aun).

Capitulo 1: Solo giraba

Ella amanecio en el bosque, era un claro desde donde entraba el sol por la zona mas alta, era un punto en el cielo, el cual estaba tapado por los inmensos brazos de los alto arboles, hacia frio, pero ya habia rayos de sol, no tenia que ser muy tarde, miro su reloj y estaba parado, no sabia q ocurria, donde estaba, seguiría soñando y en verdad ella estaba en su cama, todo eran preguntas. Miraba a su alrededor, y solo escuchaba el ruido de los arboles con el viento de las primeras horas de la mañana, no se podia creer lo que estaba pasando, eran las mismas sensaciones que le produjo aquella foto que encontro en un libro de su padre, en casa, fue por casualidad ojeando libros en la biblioteca, viendo cual sería el siguiente en leer, y alli aparecio esa foto, donde la luz era la protagonista, no habia nadie, solo la naturaleza, donde el contraste entre la luz del claro y la oscuridad de la trama de los arboles le daban vida a la foto, la llegada de su hermana hizo que la dejara alli y fuera a ver lo que queria. Lo habia olvidado y ahora esa sensacion de espacio olvidado volvia y ella estaba en ese espacio, era pequeño, pero igualmente no lo podia dominar, porque lo que habia detras solo eran sombras, el miedo a lo desconocido la invadia y la paralizaba convirténdola en una roca mas del claro.
Todo daba vueltas, ella giraba una y otra vez alrededor del mismo punto mirando hacia arriba y hacia abajo constantemente, pero seguia sin entender nada.
Se habia acostado pensando que no queria ir a clase al dia siguiente y que seguro q s levantaba tarde, y ahora se habia levantado temprano pero no en su cama, que hacia alli, era lo que se preguntaba, porque estaba alli, no le importaba amanecer en otro sitio, porque pensaba que era un sueño, y antes de despertar necesitaba saber que significaba todo eso.
Pensaba que estaba tardando mucho en despertar, en el claro no podri quedarse para siempre, la sensacion de supervivencia la invadia. tarde o temprano tendria que beber agua y comer, las necesidades más básicas y que nunca se planteaba, ahora la invadian de forma extrema,pero no era capaz de moverse algo la parilaza en el centro que no la dejaba moverse, una fuerza extraña la tenia atada siendo un arbol más, ¿ se habría convertido en un arbol, todo podia ser posible?
Ya cualquier ruido la asustaba, todo podria causarle daño, ella misma se habia convertido en algo indescriptible para ella, seguia siendo ella, pero a la vez parecia que hubiese salido de su cuerpo y se viera desde arriba, donde solo era un punto dentro de una realidad que la superaba por momentos.
Solo sabia dar vueltas en torna al mismo punto en el centro, gira una y otra vez, no pensaba solo giraba, no pensar, no pensar, solo girar, pensaba que asi se despertaria, en una de esas vueltas algo cambio, algo nuevo surgio en el paisaje, ella lo ignora, no queria algo más, solo queria girar y despertar, volver a pesar en un mundo controlado, no queria esa soledad no elegida, y solo giraba, el objeto se acercaba.
Ella lo ignoraba, y cada vez se acercaba más hasta q ya no pudo dejar de ignorar la nueva realidad que estaba obligada a asumir.
Le tocaron el hombro, y esa parte se convirtio por momento en algo real, el resto seguia siendo parte de ese nuevo mundo pero poco a poco la cabeza dejo de girar y enfoco la vista, los ojos se recuperaban volvian a formar parte del cuerpo y no del bosque, le mosqueaban que la hubiesen interrumpido, por un momento ella lo fue todo, fue bosque y ahora algo la interrumpia. Lo miro y no dijo nada, esperaba una explicación a todo y solo encontro otra mirada, solo que nunca habia visto una mirada de esa forma, una fuerza y una luz que no terminaba de saber identificar, cada vez tenia mas preguntas.
Esos ojos amables la saludaban pero no escuchaba ningun sonido, todo era nuevo y a la vez era tan confortable que daba miedo pensrlo, ella lo saludo y su hola parecio el primer sonido que ella decia desde hacia años.
La historia de él era muy diferente a la de ella, el habia vivido siempre en el bosque sabia que la fuerza estaba en el corazon del bosque, lo sabia porque él era bosque, era toda esa fuerza que el universo tenía, concentrada en la naturaleza, en su luz y su color, consatantemente vivos.