
Clara
Enero 7, 2008Clara paseaba por el parque en un día soleado lleno del jolgorio de los pájaros y rodeada de los gritos alegres de niños jugando en sus columpios y correteando alrededor de ella. Caminaba sin ningún rumbo a lo largo de los caminos de albero pensando en sus asuntos. Sus pensamientos giraban alrededor de su vida haciendo recuento de aquellos hombres que la habían marcado en cierto modo, hombres con los que había pasado unos meses o años estupendos y como eso no creía que le fuera a pasar más pues para ella, ya no había magia. Como en esas películas que tanto le gustan a su madre, esas historias llenas de sorpresas y de romanticismo.
-Ainnnsss, suapiraba ella.
Comenzaba a atardecer y decidió volver a casa. Mientras caminaba pensando en esos asuntos se dió cuenta que estaba sonriendo como una adolescente y pensó, -Qué tonta jijiji. Cruzó la carretera y llegando a su portal cruzó la mirada con un chico que se dirijía en su dirección. Cruzaron las miradas, esas miradas que no significan nada si no simplemete un cruze. Frunció el ceño y él también, de qué conocía a ese chico…le sonaba su cara de algo…
-¡ Diego ! Eres Diego, ¿verdad?
-¿Clara?, ¡Clara, cuanto tiempo sin verte! Que tal como estas, no pensaba encontrarte por aquí.
- Vivo aquí mismo. Pero cuentame, ¿qué tal todo?, no sabía que habías vuelto, pensaba que te habías ido para no volver.
- Si bueno ya sabes pensaba quedarme a vivir allí pero echaba de menos todo esto, la ciudad, mi familia, mis amigos.
Diego era un viejo amigo con el que tuvo una amistad corriente al igual que él con ella.Un buen día decidió alejarse de todo y se fue a vivir a otra ciudad dejando atrás todo lo demás y comenzando una nueva vida. Se quedaron hablando un buen rato hasta que se despidieron y Clara subió a su casa.
Ya en su habitación, pensaba con alegría el afortunado encuentro con Diego ya que los reencuentros con viejos amigos siempre la habían alegrado. Y decidió llamarlo al día siguiente para quedar con él y le contase la experiencia y como le había ido todo.
A la mañana siguiente su compañera de piso la despertó con desgana porque tenía a alguien al teléfono para ella. Miró la hora, eran las 12:30 del medio día. Al coger el teléfono contestó con voz de dormida y al oir que era Diego tosió y aclaró la voz.
-Que vergüenza, va a pensar que soy una holgazana. Y quedaron esa misma tarde para tomar un café.
Al llegar a la cafetería, el estaba esperando en una mesa rechazando a un camarero que le preguntaba si quería algo, Cuando llegó se saludaron y comenzaron a hablar envueltos en una atmósfera de añoranzas y olor a café. Podría ser una estupidez pero Clara pensaba que ahora estaba realmente conociendo a Diego porque antes era totalmente distinto, o quizás era alguna artimaña de un tio para ligar…bueno a estas alturas se esperaba de todo.
Fue una tarde muy agradable entre el café, el paseo y un helado compartido hasta que cayo la noche y se hacía tarde. Decidieron dejar el encuentro en ese punto y se fueron a sus casas.
Durante el camino de vuelta Clara recordaba la tarde que había pasado y otra vez esa sonrisa inesperada se dibujó en su cara, le preocupó. No pensaba que le pudiera estar ocurriendo otra vez pero de manera ligeramente distinta. -Otra vez que tonta que soy, será la añoranza de tiempos mejores supongo.
Quedaron un par de días más en dos semanas, días que se iban rellenando de conversaciones mundanas y simpáticas y de miradas estáticas, silenciosas y complices que se desviaban bruscamente hacia algun lado distrayendo la atención rápidamente con algo. Le preguntó si quería ver su piso al que se mudó hace poco con una compañera de facultad y al momento de preguntarlo pensó: Pero qué haces so loca, va a pensar que eres una descarada que quiere tirarselo esa misma noche. Mierda.
Él aceptó encantado y ella se alegró de que no mostrara ninguna reacción extraña en su cara por la invitación tan brusca.
Una vez en su casa le enseñó el salón, la cocina, el cuarto de baño y todas esas cosas. Se sentaron en el salon y pusieron la televisión. Hubo un momento de inquietud, de silencio algo incómodo y Clara pensó que se había equivocado al invitarle, que iba a echar por la borda todos estos días magníficos y quedaría abochornada.
-Quieres ver mi cuarto, tengo una colección de brujitas de esas que dan suerte. (Estúpida ya lo has esho otra vez, joder menuda imbecil que estoy echa).
-Si claro me gustan, tengo algunas en mi casa.(Menuda conversación de besugos, que vergüenza. Anda que a mi ya me vale).
Estuvo enseñandole su cuarto, todas las tonterías que tenía por las estanterias y vió un regalo de un antiguo novio, una cursilada que pensaba quitarla de allí hacía tiempo porque le daba vergüenza tenerla allí asi que la cogió rapidamente y la guardo en sus manos y detrás de la espalda quedando con la típica cara de alguien que esconde algo pero que se le nota.
-Que te pasa Clara, que tienes ahí ehhh vega enseñamelo, se que lo has cogido de arriba. Porque no quieres que lo vea jajaja. No te irá a dar vergüenza ahora jajajaja.
Estuvieron jugueteando por el pasillo, persiguiendola para que se lo enseñara y ella reia despreocupadamente. Tiradole del chaleco para que dejara ver lo que tenía, haciendole cosquillas, tirandole de las orejas. Hasta que entre risas y bromas se vió arrinconada y él sin quererlo se quedo demasiado cerca de ella, se miraron y se paró el tiempo.
Allí estaban a cuatro dedos uno del otro. Ella con las manos en la espalda rígida, nerviosa.
-Los quiero para mí. Dijo Diego.
-Querras decir, lo quiero para mi.
-No, los quiero para mi. Apuntilló él.
-¿El qué?
-Tus labios… Dijo Diego en voz baja como si hubieran miles de curiosos viendo la escena queriendo escuchar lo que decían. Como guardando el momento para que no se escapase o alguien se lo quitase. Clara se relajó, se sentía eufórica, como si fuera la persona más deseada del mundo, como si ese momento hubiera estado descrito para ella en alguna de esas películas que tanto le gustan a su madre. No se lo creía y rió nerviosamente en su pensamiento.
Los corazones latían fuertes, salvajes, deseando encontrarse y se fundieron en un interminable beso. Tan pronto terminaron el beso, dejo caer el objeto y agarró su mano y contagiados de una enorme sonrisa recorrieron el pasillo hasta llegar al cuarto. Mientras se cerraba la puerta se podía vislumbrar un apasionado beso de dos personas que morían por encontrarse.
Fin.
– Thor the PowerHead –
Me a gustado, es una historia corta pero rapidamente te metes en la vida de ella y de él, me gusta como escribes porque la historia se hace tuya en las primeras lineas. se nota que tienen sentimiento.
La verdad, me gustao mucho la historia, es romantica, y ademas parece algo que pudiera ocurrir en la vida real cosa que hace que te sientas un poc ma sidentificado, y te lata el corazon en cuanto la lees, sobre todo el la parte que dice…
que entre risas y bromas se vió arrinconada y él sin quererlo se quedo demasiado cerca de ella, se miraron y se paró el tiempo.
Allí estaban a cuatro dedos uno del otro. Ella con las manos en la espalda rígida, nerviosa.
Los quiero para mí. Dijo Diego.
-Querras decir, lo quiero para mi.
-No, los quiero para mi. Apuntilló él.
-¿El qué?
-Tus labios…
Porque venga ya no me negaran que ninguan de nosotras nunca ha deseado que le pase algo asi.
Muy bonitooooooooooo
A algunas hasta les ha pasado….
Heimdall