Archivo de Noviembre 2007

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Una burra…

Noviembre 29, 2007

En boca cerrada no entran moscas, pero entran pollas como roscas!!

–Thor the PowerHead –

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Bicicletas de alquiler del ayuntamiento de sevilla

Noviembre 29, 2007

Estrenaré la sección con una teoría que nos alumbró hace pocos días mientra andabamos hacia el coche para guardar los petrechos del almuerzo, empieza aquí la CONSPIRACION MUNICIPAL DE LAS BICICLETAS.

Hace un año y poco más empezaron a instalar las bicicletas de alquiler del ayuntamiento, que mediante un sistema de alquiler, (no viene al caso en que consiste el sistema) podemos disponer de una bicicleta que se extraen de un aparcabicis, los cuales están repartidos por la ciudad.

La historia está en las leyes que aparecieron a partir de esta herramienta del ayuntamiento:

Al transitar por las calzadas de las vías públicas deben tener, a lo menos un sistema de frenos; un foco en la parte delantera (blanco o amarillo), que permita proyectar luz frontal, y otro atrás que emita una luz roja fija.

Toda bicicleta debe poseer placas plásticas o huinchas reflectantes en los bordes anteriores y posteriores de cada pedal. Éstas deben colocarse en las horquillas delantera y trasera o, en forma de arco circular, en los rayos de cada rueda. Desde media hora después de la puesta de sol, hasta media hora antes de su salida y cada vez que las condiciones del tiempo lo requieran, deberán portar un chaleco reflectante. Y como medida de prevención de daños físicos, deberán disponer de un casco.

 Algo se me olvida a lo mejor, pero bueno. Lo que quiero decir con esto es que para el que tenga un bici de montaña normal y corriente tiene que comprarle todos esos chismes para poder circular por el carril bici, porque sino te multan y posiblemente te retengan la bici, según el día que tenga nuestro cuerpo municipal de policía que vela por la seguridad y la armonía de sus conciudadanos.

Conclusión, o te gastas un buen dinero en comprarte todo eso para poder utilizar tu apreciada bicicleta ó bien (y aquí está la cuestión) alquilas las bicis del ayuntamiento. Mucha gente prefiere las bicis del ayuntamiento solo por el hecho de tener que molestarse en comprar todas estas cosas y luego montarlas. Caballeros el ayuntamiento nos ponen trabas para poder circular con nuestras bicis por el hecho de que su servicio tiene que salir rentable y tener que recuperar, con beneficios, lo que ha costado el sistema de bicis municipales.

 Y eso es todos. Para los que estén con nosotros me alegro de haberlo compartido con vosotros y para los que esto les parezca una estupidez absoluta, al menos espero que os haya divertido :)

Thor The PowerHead

 

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Bienvenido

Noviembre 29, 2007

Me siento orgulloso de estrenar esta sección que sin duda dará de que hablar. Aquí expondremos las teorías conspiratórias que organizaciones como el gobierno, la televisión o la radio traman.

Tiremos de la cuerda, abramos los ojos y veamos la verdad que se esconde detrás del telón de las apariencias y las distracciones.

Thor the PowerHead

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Esta no podía faltar!

Noviembre 29, 2007

En fin Serafín,

corre más el galgo que el mastín.

Mas si el trecho es largo,

corre más el mastín que el galgo.

No obstante, los dos corren bastante.

-Heimdall, solo un poquito aburrido.

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Noviembre 28, 2007

El armario un tercio más vacio

A diario necesitamos la ropa, abrir el armario y sacar ropa se hacce sin pensar, una y otra vez, solo pensando en lo feos que no queremos estar o en lo guapo que queremos quedar.

Abrirlo para no vestirnos

Ayudar a vaciarlo

Colaborar en el vacio

En un armario hay mas que ropa, ¿el continente sin su contenido tiene sentido?

El aire en un vacio siempre sera aire, espero que queden fotos de esa ropa que cada dia me hacia menos fea

Por un armario que se llena con el vacio del mio

Para todos los que esten en una etapa de cambio, poco a poco el aire vuelve a ser sustituido por más cosas,ademas de ropa

Valkiria

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Los dos rivales.

Noviembre 28, 2007
Bueno, para bien o para mal,aún no ha llegado el final. Aquí tenéis un segundo capítulo, aunque realmente sería el primero, y lo anterior un mini-prólogo. 

El camino más largo empieza con un paso. -Heimdall, el escaldo sin talento, pero con buenos amigos.

 

                                               El hechicero eremita

        Adam se giró a medias en su montura, esperando la reprimenda de su compañero. A pesar de ser lo que era, fuese lo que fuese, que ni él mismo lo sabía, consideraba a Kirchov un amigo. Aunque fuese un mero mortal a sus ojos, le complacía su compañía. Su dilatada compañía a decir verdad, pues hacía siglos que se conocieron. En esta ocasión sin embargo, Kirchov permanecía en silencio, mirando al frente en su caballo.

-¿No vas a volver a despotricar contra mi despreocupación?- realmente le sorprendía aquello, Kirchov era como una vieja monja mojigata y precavida hasta el extremo. Una monja de ciento cincuenta kilos de puro músculo, claro, pero monja al fin y al cabo.

-Paso. No te voy a convencer y no tengo ganas de discutir- la lluvia siempre le irritaba, lo cual hacía más divertido mofarse de él sin piedad como solo los auténticos camaradas podían hacerlo sin herir.

-Pero eso lo sabes siempre, ¿por qué ese cambio de actitud? Me divierte que intentes hacer entrar algo de razón en mi dura cabeza- un gruñido mosqueado fue toda la respuesta que recibió. Adam decidió que ya estaba bien por el momento, le dejaría descansar a menos hasta los próximos cinco minutos. Sin embargo Kirchov no le dio tanto tiempo a él. No habían pasado treinta segundos cuando volvió a la carga.

-Es eso, ¿no? Te gusta hacer estupideces. Sabes que Ifmir ha estado muy cerca últimamente y no contento con no largarnos de aquí a toda prisa, te empeñas en hacer que llamemos la atención constantemente. Cuando te corte la cabeza, espero estar vivo para decir ‘te lo dije’. Además, ¿qué coño hacemos cabalgando con este tiempo? Usa tus habilidades, ¡¡me tienes hasta los mismos cojones!!……- la diatriba solía prolongarse durante varias horas si Adam le dejaba. Era un pasatiempo, ambos sabían que no se arriesgaban tanto de hecho, y que Adam no podía “usar sus habilidades” para arreglar lo de la lluvia. Eso llamaría la atención de Ifmir. Siguieron por el camino un par de horas aún, no necesitaban detenerse al anochecer, pero quizás por costumbre, lo llevaban haciendo todo el viaje. Encontraron un lugar resguardado, y se dispusieron a pasar la noche. Kirchov preparó algo que llevarse a la boca, ofreciendo a Adam cuando estuvo listo, todo el rato en silencio. Sin embargo Adam no tenía ganas de comer hoy. Nunca lo necesitaba, pero en ocasiones, le gustaba hacerlo.

-¿Sabes? Creo que ya se por qué podemos armar el ruido que queramos, Kirchov- murmuró pensativo mientras oteaba las montañas cercanas. Kirchov apartó el cuenco en el que comía, entre gruñidos más propios de un oso que de un hombre.

-¿Y bien?…¿me lo vas a decir o solo estás aburrido?

-Ifmir lleva mucho tiempo sin un verdadero reto. Se ha relajado. Solo nos busca guiado por…..bueno….ya sabes, eso que sólo notamos él y yo- Adam siempre se sentía incómodo al hablar de su naturaleza, y ciertamente sólo lo hacía cuando entraba el nombre de Ifmir en la conversación. Kirchov lo sabía, pero su curiosidad era demasiado fuerte para no insistir.

-¿Que quieres decir? ¿Que no tiene espías buscándote? ¿Que no se dará cuenta si cabalgamos delante de sus narices?…No seas absurdo.

-Por supuesto, eso sería excesivo. Pero seguro que si le llegan noticias del asalto de uno de sus carros de provisiones, lo achaca a vulgares ladrones y no a nosotros.

-Bueno bueno…no te quemes el coco pensando. Tú no sé, pero yo me caigo de sueño. Buenas noches- finalizó Kirchov alejándose un poco hacia su saco. Adam sonrió levemente, girándose a su vez hacia las montañas de nuevo. Dormir…eso si lo necesitaba, pero esta noche no podría dormir. Esa idea le abría multitud de nuevas posibilidades y su mente necesitaba explorarlas todas. Quizás no era nada, una tontería, pero no podía dejar pasar una oportunidad si no era ese el caso. Ifmir, a pesar de su despreocupación, podía encontrarles en cualquier momento. Quería, necesitaba, tener algo preparado para cuando sucediese, que sucedería. El amanecer le saludó sin que hubiese resuelto nada. Kirchov despertó puntual, como siempre, poco después de que aclarase. Y también como siempre, no despertó cantando, sino gruñendo y maldiciendo la vida en el camino. No eran los únicos en madrugar, algo delante, probablemente en el camino poco definido que cruzaba la zona, se oía ruido de caballos… caballos y ruedas. Adam pareció salir de su meditación para divertirse. Divertirse según él. Ponerles en peligro mortal a ambos, según Kirchov. Sin embargo, siendo la misma historia de siempre, pensó que por qué cambiarla. Se alejó un poco del improvisado campamento nocturno, acechando por entre los árboles para saltar al encuentro de los viajeros. Casi estaban ya delante. Apartó una rama para saltar sobre ellos…si, era el momento, y….    

El carruaje se alejaba por el desastroso camino. Adam gruñía bajo una enorme manaza. Kirchov sonreía  enseñándole el dedo corazón de la otra mano.

-Has sido descuidado- nueva sonrisa -¿Estás seguro de que te encuentras bien?- Kirchov estaba disfrutando aquello -Creo que Ifmir no es el único que subestima al resto del mundo, jejeje…

La guasa continuó unos minutos, hasta que el carruaje estaba lo suficiente lejos. Adam intentó no mostrarse enfadado, pero la risa de Kirchov se lo ponía realmente difícil. Aprovechando que el tiempo parecía haber mejorado desde la víspera, se pusieron en camino en unos minutos. El episodio del amanecer no les agrió el humor ni mucho menos, aquello era casi continuo en el tiempo que llevaban juntos. El hecho de que no hubiese nubes ni niebla les permitía bastante campo de visión, de modo que en lugar de ir al paso lento y precavido de días anteriores, casi iban al galope. Ya casi estaban en las montañas de Sulyndia, donde esperaban encontrar al viejo eremita que, según decían, conocía bien a Ifmir. A Kirchov le preocupaba este encuentro. Adam parecía obsesionado con Ifmir, cosa que entendía, pero no podía dejar de preocuparse. Si el viejo no le decía algo interesante a Adam, a saber que podría ocurrir. Y si, como habían oído, conocía bien a Ifmir, lo más probable es que no les dijese nada. Kirchov pensaba todo esto mientras le contaba a Adam cualquier historia sacada de su cabeza, maquinalmente. Había aprendido a hacerlo de tal modo que cuando terminaba, apenas recordaba lo que había contado, puro cuento casi siempre.

-Y entonces aparecieron aquellos cuatro hombres con… ¿eh? ¿Has dicho algo?

-Ahí está el camino que sube por la montaña. Ya casi estamos- respondió Adam taciturno.

-Bien, creo que es momento de hablar sobre esto, Adam.

-¿Hablar? ¿Qué hay que hablar?

-Bueno… ¿Has pensado en que tal vez ese anciano no quiera contarte lo que quieres saber?

-Pues le obligaremos- respondió encogiéndose de hombros -¿Cuál es el problema? Ya sé que te disgustan estas cosas… pero no hay otra solución, quiero terminar con el asunto de Ifmir de una vez por todas.

-Siempre hay otra solución… pero eso no es lo que me preocupa. Todo esto podría ser una trampa o algo. Cosas peores nos han pasado.

-Tonterías…

         Adam hizo un gesto de desdén, pensando que Kirchov iba mutando poco a poco en una vieja timorata. Éste, sin embargo, seguía con su mueca de preocupación, y miraba atrás con frecuencia. El ascenso a la montaña era fácil, contra lo que parecía desde más lejos. El camino que en llano era tan desastrado, al iniciar la pendiente estaba mucho más cuidado y definido. Después de todo, no era extraño. El viejo anacoreta gozaba de una gran reputación como “mago” y la gente de los alrededores le visitaba a menudo. Algo que seguramente le irritaba mucho. Desde donde se encontraban aún no se veía entrada a cueva alguna, pero según las últimas indicaciones que les habían dado, debería estar ahí, y el camino lo confirmaba.

-¿Por qué no…. ya sabes…preparas algo por si acaso?-murmuró Kirchov haciendo un gesto raro con la mano derecha.

-Ya te he dicho que eso sería decirle a Ifmir dónde estamos. Kirchov, eres listo… apréndetelo de una vez, joder.

-Ya ya ya… pero… de todas formas va a saber dónde estamos tras hablar con el viejo. ¿Qué más da?

-Eso le llevará más tiempo, el tiempo que necesito para hablar con tranquilidad con ese hombre. Tú me has visto moverme deprisa si hace falta. Te aseguro que él puede hacer lo mismo- zanjó la cuestión. Una última mirada atrás de Kirchov, y la entrada a una pequeña cueva casi les sorprendió mientras subían. En efecto, había plantas a la entrada, plantas en tiestos. Además se oían voces desde dentro. Dos al menos. Podían entrar perfectamente a caballo, pero decidieron hacerlo a pie. Pese a ir vestidos como vulgares mensajeros, o algo similar, el ojo preparado para ello advertiría sin problemas que sus caballos eran de guerra, entrenados para ello. Si aquello no era suficiente, los dejaron sueltos, sabedores de que no se escaparían ni se alejarían más de un par de metros. Kirchov cogió su espada, envuelta en tela aún, para protegerla de la humedad. Al hacerlo, advirtió que Adam no hacía lo mismo, la dejaba con el caballo. Aquello le molestó, no solía hacer esas cosas. Aunque si se ponía “nervioso”, ciertamente no necesitaba la espada. Eso le preocupaba más incluso, a pesar de sus discusiones sobre ser discretos o no. Una vez dentro de la cueva, las voces seguían oyéndose, pero deberían haber llegado ya hasta el lugar donde las situaban. Sin duda la forma de la cueva deformaba el sonido o algo. Adam hacía ruido al caminar deliberadamente, para avisar de su presencia. Si el anciano tenía visita, podían asustarse al ver aparecer de repente dos hombres. Tras unos metros de caminata, el camino se ensanchaba, hasta formar una especie de habitación, en la que ardía un fuego en un rincón. Pieles de animales adornaban el suelo y paredes, y en general, el lugar parecía habitado, lógicamente. No obstante, allí no había ningún viejo. Tampoco se veía por ningún lado a la otra voz, de hecho, ambas habían callado. Adam y Kirchov fruncieron el ceño al mismo tiempo, pero mientras el primero parecía estar enfadándose por momentos, el segundo ya pensaba en qué podía estar ocurriendo.

-¿Qué broma es esta? ¡¡Anciano, muéstrate!!- gritó Adam caminando por la estancia. No se veían otras salidas aparte de la que ellos habían usado para llegar allí…

 

 (Continuará… quizás…)

PD: Lo siento si las tabulaciones no andan muy finas, el procesador de textos del blog me vacila vV.

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Los dos rivales.

Noviembre 28, 2007

Esto es el primer capítulo de algo que empecé a escribir hace unos años… y no tardé en dejar abandonado.
 Es un poco caótico al principio, pues no es sino una serie de escenas inconexas entre si, con un único vínculo de unión, el protagonista. Es el mismo, pese a que no lo parezca en un principio. Si os gusta, seguiré añadiendo lo que tengo escrito, y lo aumentaré. No es, sino un relato fantástico. -Heimdall, un escaldo sin talento.

                                                           El Anciano

            -¡¡Si!! Debe morir!!! ¡A la hoguera con él!- la multitud gritaba enfebrecida. -¡¡Que pague por sus crímenes!!- con la misma falta de humanidad que le achacaban al reo. Como solía suceder en las ejecuciones públicas, más que un castigo se trataba de un espectáculo. -¡Tranquilizaos! Está preso, no se va a escapar- el alguacil tenía problemas para controlar a la masa sedienta de sangre -Incluso alguien como él merece un juicio…un juicio justo- con los brazos en alto frente a la muchedumbre intentaba proteger de sus agresiones a quien en su opinión no lo merecía. El magistrado hizo acto de presencia, rodeado de sus dos enormes escoltas mudos. La plebe acalló sus gritos furibundos.

-¿Está el reo en plenas condiciones mentales?- preguntó simplemente a la figura arrodillada y encadenada, en lo alto de la pira.

-No sabéis lo que hacéis- fue apenas un susurro, pero parecía haberlo oído todo el mundo.

-Repetiré la pregunta, ¿está el reo en plenas condiciones mentales?- según la ley local si el reo estaba loco o privado de alguna facultad mental, no se le podía ejecutar. El alguacil tironeó de la cadena que aprisionaba los brazos del preso a una viga de madera, tal era el temor que infundía.

-Soltadme y lo averiguareis- una leve sonrisa, apenas una tirantez en el rostro. El magistrado negó con la cabeza, convencido ya de que no tenía remedio y asintió con la cabeza al alguacil. Era la señal para prender fuego a la baliza. Si hubiese pronunciado palabra alguna, nadie la habría oído por los gritos de la gente. El alguacil bajó la antorcha que alguien le había proporcionado y la aplicó en dos o tres puntos de la pira, empezando ésta a arder. El magistrado había empezado su retirada, pues no le agradaban tales espectáculos, a pesar de la maldad declarada del condenado. Aun así, eso no le impedía omitir cualquier remedo de juicio tras oír la amenaza proferida por aquel miserable.

-¡¡IDIOTAS!! Lo habéis estropeado todo…ahora tendré que volver a empezar- pocos oyeron esa frase, tampoco le importaba….no iba dirigida a aquellos salvajes que agitaban los puños frente a la hoguera. Sin esforzarse apenas soltó los brazos de las cadenas que le incordiaban y agarró un madero ardiendo en cada mano, lanzándolos hacia el “público”. Al principio nadie reaccionaba, unos minutos después la gran mayoría de aquella masa humana ardía entre gritos, azotados por los maderos que el condenado lanzaba……más de los que había en la pira, curiosamente. El autor de aquella venganza desapasionada sacudió la cabeza, asqueado ante tanta estupidez y se rascó la cicatriz bajo el ojo derecho, el fuego siempre se la irritaba.

* * *

         -Todo dispuesto, general. Nuestros hombres aguardan una sola palabra vuestra. ¿Doy la orden?- el general apenas hizo un breve movimiento de asentimiento y se colocó el yelmo. Un momento que todos sus soldados agradecían, pues ocultaba la desagradable cicatriz del pómulo derecho.

-Ya lo habéis oído, ¡todos a su sitio!- el pequeño ejercito empezaba a moverse, poco menos de quinientos hombres, a encontrarse con un enemigo muy superior en número y habilidad. Pero ellos no lo sabían. Sólo lo sabía un hombre, el general, con su cicatriz cubierta por el yelmo en forma de ‘Y’. Los malditos taurentianos habían vuelto a entorpecerle demasiado. Ya no podía ganar aquella guerra. Pero bueno, no era la primera que perdía y seguramente, tampoco la última. Le molestaba tener que desperdiciar medio millar de hombres que le seguían ciegamente….pero al fin y al cabo, sólo eran carne, huesos y el metal de sus armas y armaduras. Nada irreparable. Una hora después limpiaba su propia espada de la sangre de su lugarteniente, fiel hasta el final. También era una pena, pero tenía que desaparecer para el mundo y a fin de cuentas sobraban los hombres capaces y ambiciosos para reemplazarle en el futuro. No obstante, anotó esta nueva pérdida en la larga lista de deudas contraídas con su rival. Montó de nuevo y espoleó su montura hacia el cercano bosque, desapareciendo para… ¿siempre?

* * *

         Miraba el rostro del guía con expresión perpleja. Llevaban tres días intentando encontrar una puerta o algo similar a la gran construcción que se alzaba frente a ellos. Tras empezar a recoger sus cosas para marcharse al día siguiente, dándose por vencidos, se había apoyado en una de las paredes laterales de la amplia nave rectangular. No había hecho nada a posta, simplemente aquel saliente le parecía idóneo para descansar unos minutos. Al presionar con su cuerpo, sudoroso y derrengado por el esfuerzo de acarrear paquetes, se escuchó un murmullo, como de piedra moviéndose sobre piedra. Y al girarse, ahí estaba. Una abertura rectangular, de la altura de un hombre aproximadamente, perfectamente definida a medio metro de donde estaba. El guía se acercaba preguntándole excitado qué demonios había hecho. Entraron sin deshacer el equipaje siquiera, reanudadas las energías por el inesperado descubrimiento. A pesar de ser noche cerrada ya y no haber más abertura que la recién descubierta por él, el interior de aquel lugar estaba iluminado. No se veía ninguna fuente de luz o calor y el recinto parecía mayor por dentro que por fuera. Un poco intimidados por el silencio opresivo de la nave, avanzaron hacia el fondo, donde parecía haber una bifurcación. Al principio creyeron que era una sola habitación, enorme, alargada y vacía. Más tarde advirtieron que había detalles decorativos en las paredes, a un par de palmos del suelo. La luz parecía salir de aquellos adornos, pero era difícil decirlo con seguridad. Cuando llegaron por fin al fondo, a lo que parecía un estudio o lugar de retiro, vieron que efectivamente había ventanas o algo así. A una altura imposible para un hombre normal y desde luego no se veían desde fuera. No es que por su situación las hubiesen pasado por alto…sencillamente desde fuera no se veían. Y para gran final, en la pared, escrito a tiza pero con aspecto de llevar ahí varios siglos, un nombre….su nombre. Leerlo fue como abrir una trampilla a su pasado, desconocido en gran parte. Reconoció la diminuta marca que había presionado sin querer en el exterior… ¿quizás el subconsciente? También reconoció las marcas a ambos lados en las paredes, abajo cerca del suelo. No eran adornos como habían pensado en principio, eran mucho más. Supo como había mirado por aquellas ventanas tan altas, o por qué no se veían desde fuera. Pero lo más importante que “recordó” fue que nadie a excepción de él, entraba allí y salía vivo. Aprovechando que el guía aún estaba estupefacto, le sujetó por ambos lados de la cabeza y le quebró secamente el cuello. Un breve y tenue ‘crack’ y asunto resuelto. Se sacudió las manos con lo que pensaba que era repugnancia por lo que acababa de hacer…..pero no, no era repugnancia. Era otra reminiscencia del pasado. Ya había hecho eso antes…muchas veces, de distintas formas, pero había matado sin pensarlo antes de esa vez.

* * *

         -¿Quién es la víctima?- la voz salía rasposa de su garganta por el vino ingerido la noche anterior. Su interlocutor parecía nervioso por tratar con él.

-El joven Mikaelius Harbo….- había un tono dubitativo en su voz -el heredero al Margraviato de Sularis….

-Se quién es- le llegó la respuesta cortante -¿Por qué? No tengo prejuicios morales, pero me gusta saber por qué mato a alguien.

-Intenta robarme a mi novia- ahora la voz no dudaba. El asesino a sueldo esbozó una sonrisa, le hacía gracia aquello. Había sido contratado incluso para matar miembros de las familias reales de este o aquel país……y ahora se veía abocado a resolver las rencillas locales de un poblacho de mala muerte. Y este contrato no era el peor, al fin y al cabo, un margrave es un margrave, seguro que iría ricamente ataviado.

-De acuerdo…lo haré por el precio convenido. Márchate y recuerda, no me conoces…o me conocerás de verdad- la amenazadora mueca con la que acompañó sus palabras hizo innecesarias las mismas. El joven muchacho se giró a toda prisa, murmurando un ‘Si, señor…’ acuciado por los nervios y la enormidad de lo que acababa de hacer. En realidad no le asustaba aquél hombre, se asustaba a si mismo, por la negrura de su alma y lo que era capaz de hacer. Distraído en tales pensamientos no vio el garfio para colgar reses (habían quedado en un matadero para cerrar el trato) y apenas pudo girar la cabeza para no saltarse el ojo derecho. Aun así, el desgarrón que se hizo en el pómulo le dejaría una fea cicatriz de por vida….quizás aquello era un castigo por lo que acababa de hacer…pero la carcajada del asesino a su espalda le desvió de esa idea. Echó a correr y en diez minutos se encontraba en su casa, componiendo una carta de amor para su novia…ahora libre de interferencias.

* * *

         -¡¡¡Pero señor!!! ¡Tú me pagaste para que revelase la posición y número de los asaltantes!- un pequeño hombrecillo, con aspecto de hurón, retorciéndose las manos y sudando copiosamente, comparecía ante el señor de la ciudad.

-Odio a los traidores- la voz del monarca era fría y medida, casi sin inflexiones.

-Pero….pero….no es…¡¡justo!!- el hombrecillo empezaba a ver muy negro su futuro.

-¿Es justo que esos guerreros hayan fracasado, en un ataque bien planeado, guiados por un buen capitán….sólo porque llevaban una serpiente entre ellos?- preguntó señalando por la ventana hacia el patio interior del castillo, donde un centenar de mercenarios morían lentamente empalados, sin poder evitar mirar a su capitán, que era torturado frente a ellos por el verdugo personal de su Majestad. La “corte” de su Majestad, apenas diez personas entre asesores, consejeros y peticionarios conocía las maneras de aquél que les gobernaba. Simplemente esperaban su turno.

-¿No respondes? Deduzco que reconoces la magnitud de tu crimen y ello te incapacita para hablar. Obraré en consecuencia. Guardias…que lo empalen con el resto de sus “compañeros”. Lo suficientemente cerca de alguien que pueda escupirle con su último aliento- un imperioso gesto con la mano y se llevan al desdichado hombre con aspecto de hurón. Su Majestad se mesa la barba y estira una pierna, incómodo por estar sentado en el trono, recio y firme. Mientras se adelanta el siguiente peticionario, la mano con la que se acaricia la barba sube hasta el pómulo derecho. Tampoco el último emplasto ha funcionado bien. La cicatriz no se ve, pero se sigue notando al tacto. Olvidando el asunto momentáneamente, centra su atención en el suplicante, mientras se oyen los gritos del traidor, que por fin reacciona.

-¿Y qué desea nuestro humilde súbdito?- la suavidad de su voz contrasta con los gemidos procedentes del patio que imploran una muerte rápida. El hombre que se postra ante él tartamudea al presentar su caso.

(Continuará… quizás)

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Noviembre 27, 2007

Esta cita es antigua, y en las noches de alcohol puede hacerte reir.

“Troncho boroncho azucar de canela,

No hay quien  le ponga una mano a Micaela,

Púsole el doctor la mano en el pecho

y dijo ‘Usted va derecho’.

Pusole el doctor la mano en el ombligo

y dijo ‘Mas pa abajo está el higo’.

Pusole el doctor la mano en la ingle

y dijo ‘Por ahi corre la Pringue’ “.

XDDDD

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Noviembre 26, 2007

“Prefiero ser dueño de mi silencio que esclavo de mis palabras.”

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Noviembre 25, 2007

“Hay pintores que convierten el sol en una mancha amarilla, y hay otros que con ayuda de su arte y su inteligencia convierten una mancha amarilla en el sol.”

picasso1.jpg Pablo Picasso